Casey
Beldon es una chica como cualquiera, va a la universidad,
hace ejercicio (y no se cansa de enseñar
los resultados) y cuida a sus vecinitos como si
tuviera 15 años, tiene novio y una amiga
que es más bien un estereotipo, pero un buen
día todo eso cambia cuando un niño
con cara de maldito empieza a acosarla. Lo peor
es que es un niño fantasma. Se da cuenta
de que su vida probablemente ya no será la
misma y que mucho de su pasado no era del todo normal,
y desde ese día se va a tener que cuidar
de su vecino fantasma.
Hasta aquí la historia es como la de cualquier
muchacha –y en menor número, muchacho–
que es perseguida –o perseguido– por
un espíritu chocarrero y que recluta a un
sacerdote; con ayuda de sus amigos y después
de algunas persecuciones se libra del ente y todos
jalan para su casa felices de que se acabó
(…o tal vez no). A esta película no
se le va ni una, el argumento está más
reciclado que el de las telenovelas venezolanas,
lo único que pudo salvarla fue que se planteaba
de manera interesante el exorcismo judío,
asunto que no se había visto o por lo menos
yo no lo había visto en alguna película
y que es una manera de abordar el manoseado asunto
de manera diferente, pero al final pareciese que
sólo lo tomaron en consideración para
no verse tan obvios y que no fuera una cinta más
de ritos católicos que se han visto hasta
las nauseas. Una lástima si se toma en cuenta
que pudo distinguirse de las otras de sustito fácil,
pero se fue por el camino fácil y sólo
tocó el tema por encima.
Algo más de que preocuparse es la participación
del señor Gary Oldman en esta cinta; aunque
pareciera que los actores de su edad y su calibre
están enfrascados en alguna extraña
competencia de ver quién hace la película
más chanta, aquí él hace del
rabino judío que es convocado por la muchacha
en cuestión para ayudarla a exorcizar al
espectro. Sobra decir que se desperdicia un poco.
De
ahí en fuera ésta es una cinta que
sí saca uno que otro susto, que satisface
la necesidad de una cartelera variada para los dis
de descuentos en los cines y nada que hacer, y que
probablemente de haber durado más hubiera
mejorado un poco.